La pregunta sobre qué puede aportar el psicodrama a la sociedad actual me viene rondando desde después de la pandemia.

Cuando estábamos inmersos en ella, todos decíamos que íbamos a cambiar, que ahora nos dábamos cuenta de lo que realmente era importante en nuestras vidas etc.

Nos topamos con una fragilidad, la nuestra, que no esperábamos, nuestra esperanza, si lo recordáis, era que al final ante el encuentro con nuestra verdadera fragilidad, no nos quedase más remedio que construir nuevos valores, una nueva conciencia de unidad, una iluminación colectiva. Se abogaba por la grupalidad, nos reuníamos vía online, sacábamos al perro para hablar con el vecino, incluso cervezeabamos a través la pantalla.

Nos dimos cuenta de lo importante que es el otro para vernos, para construir nuestra identidad.

Construimos un nuevo estado de conciencia en la humanidad, en “la humanimalidad”, abrir las fronteras de lo humano.

Pero a las pocas semanas de salir a la calle, empecé a ver gente que corría más que antes, los bares llenos, la gente estaba voraz, habíamos salido del encierro como los toros cuando salen al ruedo, no queríamos perdernos nada, no dejamos nada para mañana y aún estamos en estas; yo pen sé que eran las ansias del reencuentro.

Muy pronto en la consulta empecé a ver gente con ansiedad y angustia, que me hablaban de sentirse vacíos y frente a ese discurso el dejarse influenciar o seguir a lo que ahora llaman “influencers”. Es decir, hay una necesidad de construir un Otro que nos guíe.

Recordé a Lacan cuando dice: “que renuncie quien no pueda tener en su horizonte la subjetividad de su época”; es decir que, para entender al otro, para

entendernos debemos tener en cuenta el momento actual, el momento en que vivimos.

Entonces, me puse a husmear, con lo que yo iba escuchando, qué es lo que estaba pasando fuera de mi consulta y había dos temas que se repetían y que tenían algo en común.

Los dos temas que se repetían tenían que ver por un lado con las pantallas y por el otro con, lo que podríamos llamar, el discurso de los mercados.

Y lo que tenían en común era una enorme demanda que partía de un Otro.

Habíamos pasado, muy rápidamente, de una necesidad por el grupo a un extremado individualismo.

En realidad, ya Freud nos había dicho que la cultura exige constantemente y cada vez mayores sacrificios por parte del individuo y por lo tanto genera una insatisfacción, un “malestar” creciente, sufrimientos subjetivos derivados de la imposibilidad del psiquismo para manejar esas tensiones impuestas por el Otro de la sociedad, de la cultura y del lenguaje.

Lo que yo empecé a observar es que esa demanda del Otro, en la actualidad está demasiado presente:

1.- Por un lado, porque una de las vías que tiene ese Otro para estar presente son las pantallas, nos vamos al aseo y nos llevamos el móvil para ir viendo cuantos me gusta nuevos tengo o si hay algún comentario sobre algo que yo he subido.

Construimos una civilización digitalizada, de algoritmos, sin ser conscientes que al mismo tiempo construimos una civilización que tiende a la deshumanización, sin vida interior, sin fabulación, haciendo predominar lo banal y excluyendo lo sorprendente y prodigioso de la vida.

Vamos perdiendo la subjetividad.

En un mundo en el que predominan los utensilios digitales casi sin relaciones intersubjetivas cuerpo a cuerpo, se pierden las singularidades identitarias, todo es permanente novedad, y todo es de una existencia efímera, rompiéndose el equilibrio entre conservar y tirar, nada es obra, sino sobras que se reciclan al infinito.

Frente a un mundo que se ha convertido en un espacio de exposición, la identidad demanda mirar y ser mirado.

Una colega me enseña un dibujo que le ha hecho un paciente suyo, es un niño de 12 años; la sugerencia era que realizase un dibujo de una secuencia familiar; el niño dibujo a su familia en el salón de su casa, cada uno hacia algo, lo curioso es que al padre lo dibuja con un móvil en la mano, son unos padres que han sido estrictos con el uso del móvil para con sus hijos, de hecho, este niño a sus 12 años no tiene móvil; pero parece ser que “consejos te doy que para mí no tengo”

2.- Por otro lado, porque el discurso de los mercados, en el cual estamos inmersos,nos exige constantemente:

  • La urgencia del consumo voraz, (mercancías tecnocientíficas que ya están obsoletas en el momento de salir al mercado), nos lleva a un camino infinito o a un horizonte imposible, porque cómo hacemos para consumir todo lo que se podría consumir.
  • No disponemos del tiempo suficiente para alcanzar las metas imposibles, vivimos siempre apurados y todo el tiempo queremos ser productivos, no queremos perder tiempo, y esto también influye de alguna forma en la angustia. Como si viviéramos en un tiempo de urgencia, en un tiempo que corre tratando de encontrar la mayor eficacia posible en el menor tiempo.

El otro día estaba desayunando con unos amigos, y al pedirle a la camarera, ella iba apuntando en su pantalla, en un momento dado dice que se ha equivocado y que no sabe cómo borrar lo que ya ha está pedido; yo le digo que antes era más sencillo, íbamos con el papel y el lápiz y en ese caso solo tendría que tachar lo escrito, y entonces ella me dice que de esta manera es más rápido; a lo que yo le vuelvo a decir, que creo que ese es el problema, nuestras prisas, el querer las cosas YA.

Cuando la camarera se va, uno de mis colegas me dice que él no está de acuerdo conmigo; que él el otro día estaba en la cola de un supermercado y entonces un anciano que estaba delante de él, empezó a pagar en metálico, “monedita a monedita”, y que él empezó a impacienciarse y a pensar que estaba perdiendo un tiempo que podía estar empleando en otras cosas; y apunta: “con lo fácil y rápido que es pagar con tarjeta o incluso con el propio teléfono”.Mi amigo tiene una particularidad, él está jubilado, es decir se supone que tiene todo el tiempo del mundo y aun así parece que le falta.

  • Permitir la libre ejecución de los impulsos momentáneos y por lo tanto la ausencia de normas y compromisos.
  • Rehuir de los compromisos sociales (religiosos, políticos, amorosos, familiares) a los que se les acusa de limitar la “libertad”.
  • La consigna de “cada cual para sí” que nos lleva al individulismo
  • La búsqueda de la caza del objeto ideal, El mensaje que está en la calle, el cual fue usado, hace un tiempo, por una marca deportiva es el: “impossible is nothing”; mensaje que tiene un claro objetivo, “borrar el des ser”.

Vemos claramente como, de alguna manera, los ideales son sustituidos por los objetos de consumo. Un gran Otro, la sociedad, que pretende paliar, mitigar, engañar y borrar el sufrimiento con objetos de consumo y que normalmente, como está previsto, es un fracaso.

Un gran Otro así genera más gente que sufre porque hay una caída de ideales y de valores que provoca una desorientación en el sujeto.

  • Lo que llamamos la globalización, que es un empuje al todos homogéneos, a los todos iguales, y por lo tanto a la desaparición de lo singular, de lo diferente. Y ahí aparece la angustia; porque la angustia aparece ahí donde el empuje a una homogeneización, a un todo para todos, elimina el pequeño detalle que nos hace singulares y originales, únicos, diferentes al otro y es ahí donde podría estar esa señal o ese llamado de angustia. Debido a una pérdida de identidad.

Nos encontramos con adolescentes que, por ejemplo, se ven obligados a salir y beber alcohol por que, se supone que es lo que se debe hacer, lo que hacen “todos”. Se ven empujados a hacer lo que no les gusta y entonces les aparece la angustia, en relación con “lo que yo quiero me cataloga como un ser diferente, en tanto raro”.

Con todas estas características, podemos decir, que esta es una época que potencia la posibilidad de la presencia de angustia. Que estando, en la actualidad, en un momento en donde el hombre vive mucho más que en otras épocas gracias a la ciencia y a la medicina, sin embargo, estamos desesperados por vivir más y más rápido, eso ya es, entonces, un factor que nos puede confrontar con ese imposible y con esa desesperación, con esa urgencia subjetiva que nos confronta con la angustia.

Además, ambas demandas de ese Otro, se relacionan, ya que los objetos tecnológicos están muy al servicio de esa urgencia o de esa inmediatez, son objetos que nos confrontan con emergencias de angustia, lo que se suele llamar “una mirada omnipresente”, del Otro.

Yo no sé si les habrá pasado de querer comprar algo, buscar en internet y a los dos minutos llega toda la propaganda de ese objeto que querríamos, es como que manda Otro, con esa mirada omnipresente, una mirada que nos acecha desde afuera, que nos controla y nos regula y que cuando uno se encuentra con eso que viene desde afuera que empezó como una búsqueda, pero que te acecha desde afuera, muchas veces eso tiene el efecto de angustia.

Es una sociedad donde hay un cierto desamparo, donde los jóvenes, sobre todo, pero también los adultos, sentimos estar siempre al lado del abismo y eso genera inquietud, inseguridad y ansiedad.

Tenemos un “Yo sobrepasado”; últimamente lo que escucho es a personas recién jubiladas con el mismo discurso de los jóvenes, se sienten vacíos.

¿Por qué ese sentimiento de vacío?, estamos en un punto en el que mercado se nos exige emprender, desplazarse, elaborar currículums variados y no detenerse nunca; por eso la inmovilidad es sinónimo de angustia, y la pasividad un encuentro con un vacío de identidad que es imposible de soportar.

Nos hemos olvidado de la necesidad por el otro y nos hemos embarcado en el individualismo.

Y si no nos relacionamos con el otro, no amamos

Y si no amamos, nos deshumanizamos

Zapeamos la realidad, sin observarla, sin atenderla, sin dejarse penetrar por ella, viajamos y sacamos fotos para colgarlas en Instagram, sin recibir ni fijar una sola experiencia de los lugares….

La pregunta que yo me hacía es cómo puede el psicodrama ayudarnos en estos malestares.

El psicoanálisis y en concreto el psicodrama, como la poesía, son armas cargadas de futuro, creadoras de futuro.

1.- Una de las primeras cuestiones que me planteé fue la demora del tiempo. Demora es tiempo y el coordinador (animador) introduce tiempo. El tiempo necesario para comprender, pensar, para preguntarse, para entrelazar vínculos, para hacer grupo (trama), para desplegar los fantasmas.

El psicodrama en su misma estructura introduce la demora y por lo tanto frena el “todo y ya”. Ya Lacan nos hablaba de tres tiempos el de ver, el de comprender y el de concluir. En el psicodrama se introduce este tiempo de comprender, para pensar y preguntarse, también para que se entrelacen los vínculos con el otro.

El desasosiego por la inmediatez en la respuesta reclama demora; ante la excesiva hiperconectividad, que casi siempre viene acompañada de palabras vacías, en el encuadre del psicodrama esta premura se ve detenida, es más, no sumergimos en otros tiempos y espacios, nos reencontramos con personajes de otros tiempos que son de otros lugares…

2.-Frente a la búsqueda de los objetos ideales que vienen a taponar nuestros malestares, el psicodrama lo que nos dice es que el ser humano nunca encuentra ni puntualmente ni en el momento exacto aquello que busca, siempre hay un resto, algo que queda cojo y aunque nos produzca malestar, nosotros tenemos que saber cómo hacer con ese malestar, que la solución no es esquivarlo, si no ver cómo hacer con él, y con esto es con lo que nos tropezamos cada vez que representamos una escena y vemos que no solo no es la que esperábamos sino que además las escenas a representar no  buscan finales felices, simplemente un final, pero sobre todo un poder poner un final.

Y si me apuran les diré que incluso vamos a la contra, ya que lo que vamos a subrayar es la falta, eso que no encaja, lo que cojea que es todo lo contrario a la búsqueda del objeto ideal.

Saber esperar, en tanto que la espera no es una mera contemplación, ni es pasividad; es saber hacer prescindiendo de la tendencia a querer entender rápidamente, a significar y dar sentido a todo.

Juan, un adolescente de 16 años, cuenta al grupo terapéutico del cual forma parte, su primer contacto con la angustia; él se dirigía a encontrarse con una chica, cuando empezó a encontrarse mal, con sudoraciones y el corazón acelerado, finalmente Juan tiene que sentarse en un portal a respirar y no acude a la cita.

En su discurso dice tener miedo a “no dar la talla”.  

Juan, en el grupo representa la escena, en la que anda por la calle a encontrarse con esa chica y empieza a encontrarse mal, la pauta a seguir en la representación era decir en voz alta todos sus pensamientos, mientras hace el recorrido que le iba a llevar al encuentro con su cita. Entonces surge un nuevo dato, en el recorrido había pasado por una tienda de deportes, una tienda de Adidas.

¿Por qué trae Juan este detalle?

Juan se retrotrae a otra escena más infantil: Todos sus amigos del colegio llevaban ropa de marca, y él no iba a ser menos; así que “mis padres también me la compraban, aunque fuera en el mercadillo o falsa”.

“En mi colegio todos eran hijos de…, hijos de médicos, de abogados, de arquitectos…”

Juan habla de sus antepasados, de sus raíces familiares, de sus veranos en el pueblo, de sus abuelos campesinos; de que siempre ha sentido que su padre se avergonzaba de tener una familia humilde.

Juan recuerda que un día le compraron unas adidas, de esas que tenían tres rayitas a los lados; estaban de rebaja y no se podían devolver, “la cosa es que me venían pequeñas y como yo me las ponía todos los días, me hice heridas”.

Juan, entre lloros dice: “siempre empeñándome en lo que no puede ser. Me venden una imagen que no es la mía y yo me empeño en atraparla.

Es el cuento de la lechera, perseguir imposibles, hacerme castillos en el aire, intentar ser el que no soy.

3.-El enfoque del psicodrama es direccionar hacia lo simple, sin que por ello tengamos que confundir lo sencillo con lo simple. Las escenas elegidas para ser representadas no son catárticas, ni grandilocuentes. Nosotros tenemos que transmitir que se tiene que buscar lo simple, pero a veces hay que recorrer muchos caminos para poder llegar a lo simple.

El dibujo de Picasso, de la paloma de la paz, es un ejemplo de lo simple.

4.- Frente a la individualidad que genera la masa, el todos iguales; el psicodrama busca la subjetivización, lo genuino de cada uno dentro de una trama grupal; por eso nuestra devolución va de lo homogéneo a lo particular de cada uno. Por esa vía es que se pueden construir grupos que alojen, que nos hagan sentir un lugar de pertenencia, es ahí en esos dispositivos donde podemos hacer algo con eso que nos hace sufrir; sin olvidarnos del sujeto, sin olvidarnos de esos rasgos que nos hacen ser originales, de esas marcas que nos diferencian del otro, pero todo esto no es sin el otro.

5.- En esa búsqueda por encontrar respuestas que nos den un sentido a nuestra originalidad, nos encontramos con la abstinencia del coordinador.

Un coordinador que no nos da respuestas y que sabe esperar pacientemente, que seamos nosotros quienes vayamos encontrando nuestras respuestas y vayamos dando un significado a nuestros actos, porque solo así es que se pueden descoagular los sentidos.

¿Acaso eso no sería situarse en el lugar del amo, en tanto que se le otorga el poder de la significación?

Solo hay que estar atentos a como los diferentes emergentes, en el grupo, van marcando las trazas por donde se debe hacer la lectura.

Es importante poder escuchar la pregunta que se cuela en el discurso manifiesto del grupo y como cada integrante va dando sus propias respuestas; para ello se necesita, una vez más, de un tiempo de escucha y demora; en una época en que abundan respuestas sin ni siquiera tiempo para esbozar la pregunta y se pretenden soluciones y remedios antes que el despliegue del problema.

La pregunta es estructural y por lo tanto de todos; pero las respuestas son de cada uno y por lo tanto subjetivas.

6.- No soy sin el otro. Nuestro destino está atado a los puntos identificatorios que siempre remiten a otro, identificaciones que portamos en nuestras entrañas; y es precisamente en un proceso de separación de ese Otro que se producirá lo singular, nuestra identidad.

En el “malestar de la cultura”, dice S. Freud que el ser humano ante el malestar encuentra varias salidas; el síntoma, la creación, las adicciones, la religión, las enfermedades psicosomáticas, vínculos tóxicos etc. pero también, dice el maestro, hay otro recurso, otra salida, que sería el trabajo con otros por el bien de todos.

Yo creo que hoy aquí, es lo que estamos haciendo, crear lazos comunitarios. Crear comunidades de experiencia, comunidades donde poder intercambiar, intercalar experiencias.

Voy a terminar con la siguiente anécdota; escuché de la Breichman, que un día una niña de 3 años hizo algo que la conmovió mucho; su mejor amiga se olvidó la muñeca más querida en su casa y ella no pudo dormir en toda la noche pensando que la otra iba a extrañar la muñeca.

Ella dice que ahí hay un sujeto ético, es decir, alguien capaz de sentir que el otro está sufriendo, empatizar con el sufrimiento del otro y sentirlo como una responsabilidad propia; en ese sentido podemos pensar que la crueldad no es solamente el ejercicio malvado sobre el otro, es también la indiferencia ante el sufrimiento del otro, no hace falta que les recuerde lo que está pasando en Gaza.

Es una forma de la inmoralidad de la crueldad, de indiferencia ante el sufrimiento, y sobre estos principios es sobre los que tenemos que educar; no se trata de construir propuestas idealistas de “hagamos todos un pacto de llevarnos bien y entendernos”, tampoco se trata en educar en  el “no te metas mientras se asesina al semejante”; desde estos enfoques nos dirigimos a un individualismo férreo, a un  “salvarse a costa de lo que sea”, y vamos construyendo una especie de picardía que se termina convirtiendo en un modelo social.

“Tal vez sea una utopía. Tal vez no haya tiempo. Pero tal vez también valga la pena pensar que podemos pensar de otro modo para hacer las cosas de otro modo. Vale la pena pensar que podemos vivir sin dioses, a reemplazar la violencia por la compasión, las verdades por la escucha, la idea de la muerte por la de transformación, y entender que ser o no ser, tal vez, no sea, finalmente, la cuestión”.

EPOCA ACTUALPSICODRAMA FREUDIANO
CONSUMO VORAZ FALTA DE TIEMPODEMORA DEL TIEMPO  
LIBRE EJECUCIÓN DE LOS IMPULSOSSUBJETIVIZAR
INDIVIDUALISMO/HOMOGENEIZACIÓNIMPORTANCIA DEL OTRO
BUSQUEDA DEL OBJETO IDEALDESCUAGULAR SENTIDOS ESCENAS SIN FINALES FELICES NI GRANDILOCUENTES